Regresando desde El Caín

La vida es eso: “contemplar”, capacidad de la que sólo tenemos claro que tiene un comienzo y un final. Un instante, diríamos. Pues, basta un pequeño instante para maravillarnos –y dejarnos maravillar-, por la inteligencia con que Dios proyectó el Mundo.

Meseta de Somoncurá

Dice el génesis que Él creo todo y vio que era bueno y bello; por tanto, todo lo que existe tiene una razón de ser. Es el caso de la gran Meseta de Somuncurá (“lugar donde las piedras hablan”). Es una experiencia única en el mundo. Una gran roca cuyas dimensiones son increíbles. Sus distancias son infinitas, su geometría indómita, su orografía una obra de arte. Una maravilla del creador que bendice estas tierras. Y es en este lugar, precisamente, donde viven familias, dueñas del tiempo, del espacio, de los campos y de la historia, capaces de escuchar a Somuncurá hablar en su lenguaje de viento, de inmensidad y de silbido. Toda una experiencia que invita a repetir las palabras que un día San Agustín pronunció: “…Tarde te he amado, hermosura tan antigua y tan nueva…”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s