Entre tu y yo, nos nos cansamos,
y abrimos los brazos para bendecir la sorpresa: su alma marina,
su palabra curiosa,
su pregunta entre las cejas,
su golpe y su perdón.
Somos nosotros,
los que sin haber hecho el camino
por el mismo vientre y el mismo pecho,
dogmatizamos las promesas para llamarnos.
Y aquí, afirmados en la misma fundación,
nos movemos en las sendas intranquilas,
para preguntarle al cielo,
al agua,
a la sangre,
al tiempo,
¿Hasta cuándo gozaremos los sustentos,
para ser palabras,
semillas,
direcciones del mismo huerto?
Nosotros,
elementos renacidos
de la misma humilde rama,
no queremos más,
sino ser lo que somos,
hasta la úlltima lágrima
de los que seremos mañana.